Oward Ferrari


Falleció en Toulouse (Francia), donde residía el profesor Oward Ferrari. Durante 20 años se desempeñó como docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo.

Nacido en Mar del Plata en 1925, adoptó a Mendoza como su provincia de vida, y aquí formó su familia y ejerció la docencia, fundamentalmente en la Facultad de Filosofía de la calle Las Heras, donde fueron memorables sus clases, junto a otro gran pensador, ya fallecido también, Ludovico Ceriotto.
 
En 1975, durante el gobierno de Isabel Perón, sufrió atentados con bombas en su domicilio. Conoció la cárcel y con el acceso de la dictadura militar al poder fue expulsado de la Universidad. Para recobrar la libertad, debió exiliarse.

Alemania no sólo le dio asilo sino que lo llevó a Heidelberg, cuna de la filosofía alemana. Luego fue contratado por la Universidad de Toulouse, donde ejerció la docencia hasta que se jubiló.

En el libro "Filosofía o barbarie", parte de una premisa: la filosofía es el tesoro supremo de la humanidad porque obra en lo que constituye la excelencia del hombre, dominio que es fundamentalmente suyo: el pensar, la verdad y la libertad'. Una vez retirado, escribió diversas obras que con los años fueron publicadas por la Ediunc, lo que fue considerado como una reivindicación a la persecución sufrida en otros tiempos. Aunque radicado en Europa, siguió en estrecho contacto con sus ex-alumnos y colegas que conoció en Argentina, Francia y Alemania.

En los últimos años volvió varias veces a su país donde se reencontró con el afecto de muchos de los estudiantes del pasado y colegas. Se recuerda especialmente, en 2006, una memorable conferencia titulada "¿Qué es la filosofía?", ofrecida en Mendoza.

Se lo evocará siempre como un pensador de fuste de América Latina, como lo ha destacado en más de una oportunidad su amigo y también notable humanista, Arturo Andrés Roig. Antiguos alumnos supieron de su compromiso con un mundo en el que todos los hombres y mujeres pudieran vivir con dignidad. Al respecto, decía, ?que aunque a veces la libertad y la igualdad nos parezcan una utopía, nunca hay que dejar de encaminarse hacia ella'.

Fue un ejemplo de amor a la vida, de trabajo, de rigor científico y de no bajar los brazos, ni aún cuando la muerte lo vino a buscar y lo encontró en su escritorio pergeñando su próximo libro.