Reseña

Ética del poder y moralidad de la protesta

Confluencia

FACULTAD DE CIENCIAS POLÍTICAS Y SOCIALES
Universidad Nacional de Cuyo

Revista CONFLUENCIA
Año 3 - Revista Nº 6
Verano 2007
ISSN 1667-6394

Reseña: Arturo Andrés Roig, Ética del poder y moralidad de la protesta. Respuestas a la crisis moral de nuestro tiempo, EDIUNC Editorial de la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2002 (279 páginas) ISBN 950-39-0145-6.

Arturo Andrés Roig propone la noción de «moral emergente» entendida como una moral del conflicto. Parte de la distinción hecha por Hegel entre dos éticas que están enfrentadas: una moral objetiva, expresada en el ejercicio del poder, y otra subjetiva expresada en el ejercicio de la protesta. La relación entre ambas es de permanente conflicto.

El autor mendocino intenta responder a situaciones vitales que nos comprometen a todos, situado desde el presente pero trazando una línea histórica con el pasado. En ese sentido nos dice que ningún filósofo puede, aunque quiera, quedarse afuera de la realidad social e histórica presentes al momento de filosofar.

La obra del filósofo está atravesada por un fuerte compromiso con el quehacer social y con el saber práctico moral. En el libro queda afirmado el valor y la necesidad del saber práctico expresado en un esfuerzo sistemático por el quiebre con la pretendida «pureza de la razón», así como con todas las formas de esencialismo y academicismo. Al mismo tiempo intenta articular teoría y praxis tratando de acercar la «dialéctica del discurso» a la «dialéctica de lo real»; tarea que en nuestra América fuera ya pródigamente desarrollada por Mariátegui, Martí y otros tantos intelectuales latinoamericanos que el autor repasa.

Roig nos dice que las líneas conflictivas que nos presenta en nuestros días lo moral muestran niveles variados de resolución teónco-práctica. Estos van desde posiciones crudamente ideológicas, hasta actitudes críticas de diverso sentido y profundidad. Teniendo presente esto, en la tarea de dar sustento teórico a la noción de moral emergente, Roig no busca invalidar o negar teorías, sino más bien su tarea es de explicitar las debilidades e inconsistencias de algunos teóricos como: Hegel, Heidegger, Rawls, Rorty, Vattimo, Habermas, etc., con los que discute y confronta. Paralelamente, busca recuperar categorías teóricas en el pensamiento de otros pensadores: Spinoza, Rousseau, Kant, Marx, Nietzsehe, Wittgenstein, etc., a los cuales historiza, redimensiona, completa o complejiza.

Afirma que hay un saber práctico moral que está orientado a defender los intereses del estado actual de cosas que propone el modelo hegemónico. Por el contrario, la moral emergente, que se afirma en el existir fáctico, en las necesidades concretas del sujeto; se rebela ante los niveles profundos de injusticia y las totalidades opresivas, buscando ejercitar la dignidad humana, finalidad última e idea reguladora de toda moral. Esta moral se ha expresado en diversas formas discursivas que tienen en común el lenguaje de la cotidianidad, dado que la emergencia es una praxis moral no necesariamente acompañada de una praxis teórica. Además señala a la sujetividad como motor de la conducta. Entiende por tal el principio por el cual un sujeto refiere a sí mismo sus fenómenos de conciencia y los califica como propios y enuncia juicios de valor de sentido crítico. Roig, además, señala las necesidades como principio fundamental de la estructura social humana; necesidades, entendidas como concretas y primarias del sujeto, relacionadas con su corporeidad y no con preferencias individuales y subjetivas, o como meros modos de satisfacción, tal como son presentadas por la «ética del mercado».

La problemática moral en la actualidad está trazada por la eticidad deshumanizante desplegada por el discurso neoliberal. Según Friedrich von Hayek, uno de sus máximos teóricos, mercado y justicia social son cuestiones antagónicas. Señala Roig que hay, por tanto, una incompatibilidad entre «ética del mercado» y dignidad humana. Bajo estos parámetros, el autor latinoamericano intenta mostrarnos un conjunto de doctrinas, de prácticas y de ideas, articuladas en torno a la dignidad, abiertas a la problemática de los derechos humanos y a la construcción de una democracia real que tenga como baluarte la justicia distributiva. Todos caracteres que contribuyen a ahondar en la categoría del «a priorí antropológico» que el filósofo enunciara ya en su libro Teoría y crítica del pensamiento latinoamericano, cuya significación consiste en «ponernos a nosotros mismos como valiosos». En la construcción de ese paradigma nos hacemos dignos o indignos.

El interés por el lenguaje, entendido como una de las vías fundamentales de objetivación, le permite a Arturo Roig incursionar en una «teoría del discurso», no ajena a la contextualidad social. De esta manera se diferencia de Jürgen Habermas, quien sostiene que es posible establecer una comunidad ideal de diálogo. Desde ella, el filósofo alemán, entiende posible sustituir el paradigma de la producción por el de la comunicación para dar cuenta de los fenómenos experimentados por las sociedades actuales.

Roig, afronta los conflictos actuales a los que nos enfrentamos, los cuales evidencian el divorcio entre el derecho y la justicia, característica que atraviesa todos los conflictos, pasados y presentes. «La ley mata, ¿quien mata a la ley?», tal es la interpelación de Martí con la que Roig comienza su libro. Si tal pregunta tiene respuesta, la búsqueda de la misma debe comenzar por desmontar teóricamente aquellos planteos que opacan la presencia del sujeto ya sea hipostasiándolo, o apelando a una naturaleza humana, o desviando las discusiones hacia una ética del deber, o a falsas distinciones entre «universalistas» y «comunitaristas», o a contraposiciones estériles que sólo conllevan la desocialización de la moral.

Finalmente pregunta: «¿daremos oídos a la ideologías que nos vienen anunciando muertes, en los que a los seres humanos no les queda otra cosa que esperar el definitivo de las leyes del mercado? Frente a esto ¿qué debemos hacer?». A estas preguntas Roig responde: «embarquémonos en un nuevo proyecto de identidad social, nacional y latinoamericano y no dejemos que nos la fabriquen». Entonces el desafío ya no sólo consiste en diagnosticar e interpretar el convulsionado mundo, sino se trata más bien de su transformación. Para lo cual Arturo Roig, a partir de una laboriosa praxis teórica, nos deja invalorables herramientas con las cuales afrontar dicha transformación. Tal es la tarea moral, individual y colectiva, que nos cabe en nuestro tiempo.